Primero de Mayo, 1988
Santiago de Chile.
Tomada del archivo en línea del periódico Fortín Mapocho.

Primero de Mayo, 1988

Santiago de Chile.

Tomada del archivo en línea del periódico Fortín Mapocho.

El partenón de los libros (1983)
A propósito del 24 de Marzo en Argentina, la obra de Marta Minujín, hecha con los libros que eran enterrados o quemados durante la Dictadura.
Acá una reseña de la obra y el sitio de la artista

El partenón de los libros (1983)

A propósito del 24 de Marzo en Argentina, la obra de Marta Minujín, hecha con los libros que eran enterrados o quemados durante la Dictadura.

Acá una reseña de la obra y el sitio de la artista

Pyongyang: réquiem urbano

El funeral de Kim Jong-Il, reporteado por Al-Jazeera


Postales de la Intolerancia. Honrar la muerte

Hoy día lunes 21, uno de los grandes torturadores de la dictadura Miguel Krassnoff (acá pueden ver todas las causas por las que ha sido juzgado) fue homenajeado por adherentes del proyecto de la dictadura. Entre ellos, el alcalde de la conspicua comuna de Providencia, el coronel en retiro Cristián Labbé, quien puso a disposición los salones del club social y deportivo municipal.

Con el silencio de su partido (UDI) y el tibio rechazo por parte del gobierno, y ante la ausencia de leyes que prohiban las manifestaciones en el espacio público que expliciten apoyo a la dictadura y sus representantes, miles de personas se congregaron en las afueras del recinto a expresar su repudio respecto a Krassnoff, las violaciones de derechos, los simpatizantes del régimen y el mismo alcalde Labbé. La misma autoridad que semanas antes dijo que cancelaría la matrícula de los estudiantes secundarios residentes en otras comunas como consecuencia de las tomas de los establecimientos escolares municipales.

La funa al acto pro-Krassnoff terminó, como se esperaba, en hechos de violencia policial, cada vez más comunes en las calles santiaguinas -ahora trasladada allí en donde comienza el cono de alta renta de la capital-.

Otra consecuencia de las paradojas de la transición democrática chilena: quienes abusaron sistemáticamente, hoy piden libertad de expresión, mientras que al mismo tiempo, en algunos lugares, se elige democráticamente a quienes decididamente desprecian la libertad, el respeto y el disenso.

¿Por qué? En serio, ¿por qué?

Mujer atacada a quemaropa por la policia del Estado.

(Source: thehassasin)

Lugares marcados por la ETA

Proyecto fotográfico de Eduardo Nave, reseñado en el diario El Pais el pasado fin de semana

Este reportaje no es un recorrido por la historia de ETA. Ni están todos sus atentados. Ni las 829 víctimas de su terror. Pero sí muestra 40 espacios donde la banda dejó su huella más terrible. Portales, bosques y carreteras en los que hoy no se percibe el rastro de la muerte. Captados a la hora exacta del atentado. Y en la misma fecha. Pero años después. Un álbum de ausencias que han completado con su testimonio familiares y amigos de los asesinados. Una cicatriz invisible, pero muy presente. Un ejercicio de memoria sobre el que también reflexionan 25 personajes públicos.

El proyecto recuerda el trabajo del fotógrafo argentino Gustavo Germano, cuya muestra Ausencias fue presentada en el Museo de la Memoria de Rosario. Como dice el catálogo de la muestra: “Las primeras son fotografías de álbumes familiares, son fotos de momentos cotidianos en las que alguien posa frente a la cámara (con naturalidad y sinceramente) y que fueron tomadas espontáneamente con el deseo de guardar ese instante en la memoria de quienes lo han vivido”, relata Germano en diálogo con Página/12. Las segundas no son parte de un álbum familiar, son fotos “de situaciones generadas premeditadamente en las que alguien posa frente a la cámara –con naturalidad y sinceramente– y que fueron tomadas con una intencionalidad clara y definida: guardar/revelar en ese instante treinta años de ausencias”.


Borrar un rostro: revancha, legitimación y amnesia
A mediados de Abril un tribunal de El Cairo ordenó que cualquier imagen o referencia al recientemente depuesto Hosni Mubarak o a su mujer Suzanne fueran eliminadas de los espacios públicos. Esto incluía cambiar nombres a plazas, escuelas, calles, estadios y bibliotecas, así como remover cuadros, afiches y monumentos. 
En una crónica aparecida hace algunos días en un diario norteamericano, la historiadora Sarah E. Bond se preguntaba por la función social de borrar el pasado del presente. En el Egipto Clásico el nombre cargaba el poder de la persona, por lo que una autoridad podía buscar legitimarse a sí mismo borrando la presencia de su contrapeso político o teológico, tal como ocurrió con Akhenatón cuando ordenó borrar de todos los monumentos el nombre de Anón. Lo mismo ocurrío en alguna época del Imperio Romano, donde, a través del decreto damnatio memoriae se autorizaba a borrar inscripciones en los edificios, destruir los rostros de las estatuas, pintar encima de los frescos, tachar las caras de las monedas, destruir los escritos del denostado y anular sus testamentos. El castigo era peor que la muerte: destinar a alguien al olvido eterno.
Hoy día en Egipto, Mubarak y su mujer siguen vivos, con una proporción no despreciable de simpatizantes. El tribunal de justicia, antes que promover la libertad de los ciudadanos, los obliga a tomar una determinación. Como dice Bond, permitir hacerlo es distinto a obligar a hacerlo. Más allá de la intolerancia y la falta de respeto a los derechos y garantías durante el régimen de Mubarak, la determinación sólo hace que el hábitat construido deje de hablar sobre quién fue este personaje, sin tomar en cuenta que borrarlo de lo público significa promover la amnesia inter-generacional en torno a su figura. ¿No sería mejor que convivieran distintas capas de sentido, a través de las cuales se mantuviera la memoria sobre un régimen deleznable? ¿No sirve más para el futuro preservar aquello que nos recuerda el horror?

Borrar un rostro: revancha, legitimación y amnesia

A mediados de Abril un tribunal de El Cairo ordenó que cualquier imagen o referencia al recientemente depuesto Hosni Mubarak o a su mujer Suzanne fueran eliminadas de los espacios públicos. Esto incluía cambiar nombres a plazas, escuelas, calles, estadios y bibliotecas, así como remover cuadros, afiches y monumentos. 

En una crónica aparecida hace algunos días en un diario norteamericano, la historiadora Sarah E. Bond se preguntaba por la función social de borrar el pasado del presente. En el Egipto Clásico el nombre cargaba el poder de la persona, por lo que una autoridad podía buscar legitimarse a sí mismo borrando la presencia de su contrapeso político o teológico, tal como ocurrió con Akhenatón cuando ordenó borrar de todos los monumentos el nombre de Anón. Lo mismo ocurrío en alguna época del Imperio Romano, donde, a través del decreto damnatio memoriae se autorizaba a borrar inscripciones en los edificios, destruir los rostros de las estatuas, pintar encima de los frescos, tachar las caras de las monedas, destruir los escritos del denostado y anular sus testamentos. El castigo era peor que la muerte: destinar a alguien al olvido eterno.

Hoy día en Egipto, Mubarak y su mujer siguen vivos, con una proporción no despreciable de simpatizantes. El tribunal de justicia, antes que promover la libertad de los ciudadanos, los obliga a tomar una determinación. Como dice Bond, permitir hacerlo es distinto a obligar a hacerlo. Más allá de la intolerancia y la falta de respeto a los derechos y garantías durante el régimen de Mubarak, la determinación sólo hace que el hábitat construido deje de hablar sobre quién fue este personaje, sin tomar en cuenta que borrarlo de lo público significa promover la amnesia inter-generacional en torno a su figura. ¿No sería mejor que convivieran distintas capas de sentido, a través de las cuales se mantuviera la memoria sobre un régimen deleznable? ¿No sirve más para el futuro preservar aquello que nos recuerda el horror?

Exportando la costumbre de ocupar los estadios como centros de detención. Ojalá en Siria no estén copiando el modus operandi del Nacional de Santiago o de Collao en Concepción. 
humanitarianterrain:  
Syrian security forces were using soccer stadiums as makeshift prisons Monday in at least two cities - Banias and Daraa- after raiding homes and arresting hundreds of residents. Link

Exportando la costumbre de ocupar los estadios como centros de detención. Ojalá en Siria no estén copiando el modus operandi del Nacional de Santiago o de Collao en Concepción. 

humanitarianterrain:  

Syrian security forces were using soccer stadiums as makeshift prisons Monday in at least two cities - Banias and Daraa- after raiding homes and arresting hundreds of residents. Link

El desaire a Violeta Parra (otro más en la lista) y el blanqueo simbólico en el Santiago de Pinochet 

En el proyecto original de diseño de la línea 1 del Metro de Santiago, una de sus estaciones se llamaría Violeta Parra, en honor a la connotada artista. Ubicada en el sector nor-poniente de la ciudad, Barrancas, en donde se había desplegado rápidamente la ocupación de terrenos, la autoconstrucción y el desarrollo de planes de viviendas por parte de CORVI durante la década de 1960, el objetivo de esa estación era vincular a sectores populares con el centro histórico de la ciudad y el cono de alta renta ubicado en el sector oriente.

Durante la década de los sesenta surgieron, entre otras, las poblaciones Liberación (1961), Neptuno (1962), La Unión (1963), Intendente Saavedra (1967), Herminda de la Victoria (1967), Lo Amor (1969), Violeta Parra (1969) y Villa Santa Anita (1970), todas ellas localizadas al interior de la actuales comunas de Cerro Navia, Lo Prado y Pudahuel. Muchas de ellas poderosas por su organización interna y sus capacidades de gestión, tras el golpe de Pinochet fueron intervenidas y desarticuladas, y sus dirigentes encarcelados, ejecutados o desaparecidos. Tal como señaló Teresa Valdés (1987) en este proceso “se desmantelan instancias intitucionales de procesamiento de las demandas y aspiraciones populares (…) la represión asume diversas formas: allanamientos de las casas con gran violencia, amenazas de bombardeo, detención de dirigentes, traslado de éstos a otras poblaciones, acusación de tener arsenales, etc.

La inaguración de la línea 1 del Metro en 1975 mostró un cambio dentro de la nomenclatura de las estaciones: la terminal ubicada al interior del Santiago popular de área poniente ya no sería denominada como Violeta Parra, sino que pasaría a llamarse San Pablo. Si bien la avenida principal a la estación lleva ese nombre, la apelación a San Pablo recuerda al personaje bíblico reconvertido, es decir, a aquel perseguidor de cristianos vuelto creyente.

Como parte de un proceso de blanqueo simbólico de la ciudad, durante los primeros años de la dictadura se sucedieron pintadas en blanco de los murales realizados por las brigadas de los partidos de la Unidad Popular y de la izquierda (Ramona Parra, Inti Peredo y Elmo Catalán, entre las más conocidas), el cambio de nombre de poblaciones, campamentos y villas (Nueva Habana en Nuevo Amanecer, Villa Compañero Carlos Cortés en San Luis), edificios públicos (el edificio de la UNCTAD renombrado como Diego Portales) y nuevas avenidas (la avenida 11 de septiembre de Providencia).

El higienismo simbólico-político puso sus ojos sobre Violeta Parra, tanto por su interés y compromiso con el mundo popular, como por su difícil clasificación dentro de los acotados límites de lo correcto impuestos por el régimen.