Monumento a Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg, co fundadores del Partido Comunista alemán, enterrados en el cementerio de Friedrichsfelde (Berlín) en 1919. 
La obra fue diseñada por Mies Van Der Rohe, construida en 1926. En 1935, fue destruida por el nazismo y en 1951, reemplazada por el Memorial de los Socialistas, como iniciativa de la República Democrática Alemana (RDA).

Monumento a Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg, co fundadores del Partido Comunista alemán, enterrados en el cementerio de Friedrichsfelde (Berlín) en 1919. 

La obra fue diseñada por Mies Van Der Rohe, construida en 1926. En 1935, fue destruida por el nazismo y en 1951, reemplazada por el Memorial de los Socialistas, como iniciativa de la República Democrática Alemana (RDA).

El cementerio que fue [Kalamaja, Tallinn (Estonia)]

En el distrito norte de Kalamaja, existe un parque que lleva el mismo nombre (Kalamaja Kalmistupark), con árboles antiguos, pasto frondoso, fuentes de agua y niños jugando. Si no te lo cuentan no lo sabes, porque no existen grandes marcas de ello, pero este lugar fue uno de los puntos claves en donde las prácticas de eliminación del pasado desplegadas por la Unión Soviética tomó cuerpo al interior de Estonia.

En Kalamaja existió por más de cuatro siglos (desde el siglo XVI) uno de los principales cementerios de la ciudad, donde la mayoría de los sepultados pertenecía a estonios étnicos y residentes suecos de Tallinn, entre ellos algunos de los principales próceres de la independencia de principios del siglo XX. En 1964, las autoridades de la ocupación soviética decidieron destruir completamente el cementerio, como mecanismo de clausura espacial del pasado. Así, se buscaba eliminar las apelaciones de la población estonia a símbolos independentistas que reforjasen el espíritu nacional, ya re-surgido en los 50s con la aparición de la guerrilla de Los Hermanos del Bosque. Años antes, a comienzos de los 50s, las autoridades soviéticas habían hecho lo mismo que hicieron con Kalamaja en el cementerio de Kopli, utlizando los escombros para la construcción de muros, infraestructura portuaria, así como veredas y calles.

La rusificación de los estados bálticos, es decir, el traslado de ruso-parlantes para la implementación del modelo industrial-militar –en el caso de Estonia fueron cerca de medio millón de personas-, apeló a este tipo de estrategias para instalación y legitimación del régimen, ya no basada en el poder de las armas y la sospecha, sino a través del juego propagandístico de la narración de la historia.  

Prontamente las autoridades soviéticas determinaron la reconversión de ambos cementerios en parques, como fórmula para vaciarlos de contenido. Por años se mantuvo el velo de la duda para las segundas y terceras generaciones de estonios que no sabían con certeza la historia de estos lugares. Tras la caída de la cortina de hierro y el desmembramiento de la Unión Soviética hubo una oleada de descubrimientos de este tipo de tácticas del régimen. Sin embargo, la inexistencia hoy de mayor información de estos hechos en ambos parques habla del poder que aún mantiene el Kremlin sobre los estados bálticos, y las dificultades de esas naciones para lidiar con su pasado sin molestar al gigante de al lado.